Logo

Película

En el comienzo, todo salvo el paisaje, parece ajustarse a la maquinaria de lo cotidiano. Hay vértigo de montañas, carreteras retorcidas, quebradas de lava viva, volcanes redondeados y coquetos y un mar extenso, alejado, separado, cargado de miles de años de luz, refulgente, allá abajo. Y hay una bicicleta que cruza guiada por un hombre descomunal. Y una carretilla que baja hacia el bancal, un hombre que descarga las piedras. Y un jovencito que se viste, que hace su cama pobre, que barre la acera. Y una muchacha que troncha los tallos para componer un ramo. Y una señora que contempla el tendido, el mar enorme, la piedra de lavar, detrás de un cristal. Y luego está el cementerio: paredes blancas levantadas sobre lavas negras. Y la familia que hace su ofrenda al padre muerto. Son Agustín y Carmelo y  Vicente y Mary, y es su madre Milagros. Y es el mar. Y son las montañas. Y ellos allí, en su casa alta, en el norte de la Isla. Cuando uno a uno la cámara los retrata, cada mirada extraviada se convertirá en pregunta. Una mirada que comprende poco a poco lo que pasa: que algo faltó, que algo se puso de más, en cada uno de los hermanos. Y así, la vida cotidiana, el continuo fluir del tiempo de comida en comida, las alargadas labores de la tierra, de la espera de la guagua, de las compras, de las visitas a los servicios sociales, se vuelven excepción. Poco a poco las montañas y el mar, la tierra y el aire, nos irán desvelando la historia. Nos conducirán hasta el fuego de la vida común, allí donde casi todo lo que sucede posee la condición de milagro.

Personajes

MILAGROS

 

Su mirada en cada caso forma grandes retratos, llenos de toda la intensidad vital, la dificultad, la serenidad y la profunda tristeza de una mujer que ha sabido hacer de la desgracia una forma de dignidad cotidiana. Que puede, por ello, mirarnos a los ojos e interrogarnos. Hay en ella una melancolía tibia, que la ensombrece en la soledad, pero que se transforma en sociedad en una vitalidad serena y amable

CARMELO

 

Trabaja, trabaja y trabaja. Es de esas personas que parece disfrutar con la soledad y la concentración en la tarea. Se encarga de la tierra, de los murallones, de las reparaciones. Siempre en silencio, con la atención puesta en lo que tiene que hacer. Es tímido. Participa menos de la vida familiar, quizá  porque parece el más maduro y el más consciente de las necesidades familiares.

AGUSTÍN

 

Deportista. Posee una envergadura enorme. Suele ausentarse de la casa y la vida familiar, y se relaciona mucho con la gente, tanto en el trabajo como en la vida diaria. Lo vemos en el bar, viendo un partido por la tele, integrado con la parroquia. Lo vemos con la bicicleta, surcando las carreteras, jugando al baloncesto. Mira a la cámara con fuerza, con la rotundidad de quien sabe bien lo que quiere.

Mary

 

Es la alegría de la casa. Siempre sonriendo, siempre alegre. La gusta hablar con su madre, con sus hermanos, con sus amigos. En el centro ocupacional parece el motor de muchas actividades y el núcleo que atesora gran parte de las filias y los afectos. Acompaña a Milagros a hacer las gestiones: a buscar dinero, a hacer las compras, a la peluquería. Se ríe a carcajadas en las fiestas.

Vicente

 

Es el más alejado de la realidad. Su mirada parece extraviada en otro mundo cercano. El más infantil. El más delicado. Se viste, desayuna, va a esperar la guagua, saluda a los coches. Trabaja despacio, con mucho cuidado. Mira a la cámara con franqueza de niño chico. Comparte su tiempo con Mary y con Milagros. Hace labores en la casa, cuida de los perros.

Director

Milagros es, antes que cualquier otra cosa, un poderoso ejercicio de observación que, poco a poco, se transforma en un hermoso canto a la vida. Este documental supone para David Baute la recuperación de un discurso de autor en el que el lenguaje cinematográfico se adelgaza hasta transformarse en una ventana lúcida que mira hacia la realidad casi sin intervenir en ella. Es el lenguaje que se encontraba en Rosario Miranda, casi su ópera prima, y que vuelve a aparecer aquí para demostrar que el autor de Ella(s), Fetasianos o La murga, dispone de un abanico expresivo excepcional, y de una madurez creativa que le permite enfrentarse con documentales de ámbito cultural, con películas que siguen el hilo de la realidad o con los suaves perfiles de un cine en que se mezclan la realidad y la ficción.

 

Una película de plena madurez en la que el discurso narrativo adopta fórmulas nuevas: hay un modo de contar en el que las cosas y los hechos no se relacionan directamente a través de la presencia sino a través de núcleos significativos que responden a la estructura de las familias semánticas. Capa a capa, sedimento tras sedimento, vamos adentrándonos en la vida de esta familia especial hasta ser uno más junto a ella.

 

Para lograr esto, Baute trabaja una fotografía sobria, con encuadres bien construidos, en una sabia gramática que construye ritmos bien marcados entre los planos más amplios y los cortos. Además, Baute no duda a la hora de buscar recursos en un género tan difícil como el retrato: a lo largo de la película la familia, tanto en lo colectivo como en lo individual, mirará a cámara y construirá con ello una materialidad, o una fisicidad psicológica. Y aún quedan dos elementos fundamentales para la construcción de la película. De un lado el silencio que va de piedra en piedra redoblando. Se trata de un documental que se contempla, y no sólo se ve. El perfil sonoro: los vientos, las ramas, los crujidos, el ladrar de los perros, el coche que pasa son tan importantes como los diálogos, porque la escucha parece ser aquí conversación serena con el mundo.

 

Por último, David Baute utiliza aquí los paisajes insulares, las luces crudas, las montañas, los malpaíses, los barrancos, las carreteras interminables, los atardeceres, las farolas encendidas en la calle, como si fueran un personaje más. Se trata de contrapuntos, de espacios de confrontación, que llegan a la película para que comprendamos que el ser humano es construcción de discurso frente a la naturaleza. La soledad del paisaje y la luz invernal son el sistema de oposición que el director crea para nosotros, para encerrar a la familia en él. Para edificar el propio paraíso interior. Casi de milagro.

Equipo

Dirección y Guión
DAVID BAUTE

Fotografía
MAGELA FERRERO

Sonido directo y música
CRHISTIAN JOHANSEN

Montaje
ALEJANDRO LÁZARO / CLARA M. MALAGELADA

Etalonaje
SUSANA MUNIAIN

VXF
MONTAÑA HERNANDEZ

Producción
PATRICIA ESTEVEZ / LAURA G. CORREDERA

Secretaría de producción
ELSA HERNÁNDEZ

Ayudante de producción
DANIEL GUTIÉRREZ

Traducción y subtítulos
SUBBABEL

Asesoría
GIASA

Productora
TINGLADO FILM

Comunicación

Contacto